Oaxaca de Juárez, 29 de agosto. Manuel Bartlett ha sido el blanco favorito de la oposición en este sexenio de la 4T. ¿Pero qué tan objetiva y redituable electoralmente puede resultar esta actitud del PRI-PAN rumbo a la elección presidencial del 2024?
Para hacer un análisis objetivo, vamos a recordar esos tiempos del sexenio de Miguel de la Madrid (Presidente de México 1982-1988). En diciembre de 1984 se supo que el ejército había ocupado el rancho El Búfalo, una inmensidad de terreno dedicado al cultivo de mariguana. Casi ocho mil campesinos trabajaban allí y todos los días entre seis y diez camiones Thorton salían repletos de yerba, y circulaban tranquilamente por Chihuahua rumbo a los Estados Unidos.
Después se supo que este rancho pertenecía a Rafael Caro Quintero, uno de los capos del narcotráfico. Sus “amigos” entre las autoridades le avisaron a tiempo y cuando el ejército llegó al Búfalo, todos los responsables habían huido.
Rafael Caro Quintero, fue alentado por el alucinante mercado estadounidense (donde la drogadicción se hallaba muy extendida y generaba nuevas substancias de moda, como el éxtasis, el crack y otras sumamente adictivas), Caro Quintero, miembro de una familia de traficantes sinaloenses, en 1982 expandió sus actividades con dos grandes siembras simultáneas en Valle del Yaqui y Caborca, Sonora, que le permitieron dominar el mercado del noroeste del país y el acceso directo a Estados Unidos. Después adquirió El Búfalo y llegó a producir 50 millones de toneladas de mariguana que le dejaron otros tantos millones de dólares.
Enrique Camarena Salazar, alias Kiki, agente de la Drug Enforcement Agency (DEA), seguía la pista de Caro Quintero. Se dice que, con el piloto Alfredo Zavala, Camarena localizó los grandes plantíos de El Búfalo e informó a la policía mexicana de la existencia del rancho. En todo caso, el 7 de febrero de 1985 Kiki Camarena y Alfredo Zavala salían del consulado estadounidense cuando fueron interceptados por agentes de la policía judicial. Les dijeron que “el comandante” quería verlos, pero en realidad los llevaron a la casa de Caro Quintero y ahí los interrogaron, los torturaron y los asesinaron.
La DEA se puso frenética ante la desaparición de Camarena y pasó a la histeria cuando se enteró, primero, de que el comandante Armando Pavón Reyes, encargado de localizar los cadáveres de Camarena y Zavala, supo que Caro Quintero pensaba huir del país. El 17 de febrero lo alcanzó en el aeropuerto de Guadalajara cuando ya tenía un pie en la escalerilla de su avión particular. Sin embargo, Caro y su gente mostraron sus credenciales de la Federal de Seguridad, rigurosamente firmadas por su director, José Antonio Zorrilla, y después Caro extendió un cheque por 60 millones de pesos a Pavón, quien lo dejó escapar a Costa Rica. La DEA acabó de enfurecerse cuando, en marzo, al fin localizaron los cadáveres, supuestamente enterrados en el rancho El Mareño, de Caro Quintero, y vieron que Camarena y Zavala habían sido torturados. La DEA pronunció: “Nunca olvidaremos esto”.
Como primera respuesta al asesinato de Camarena, además de las ruidosas protestas, a mediados de febrero Estados Unidos ya había puesto en práctica la Operación Intercepción, que significó una revisión extrema, desproporcionada, tortuguista, en los puentes fronterizos, atascados de colas larguísimas de automóviles y peatones que trataban de pasar al otro lado.
Siguió una fuerte campaña en los medios en la que se santificaba a Camarena y se condenaba la Insoportable Corrupción Mexicana. Bajo semejante presión, a las autoridades de México no les quedó más remedio que hacer algo, así es que en abril ya habían arrestado a Caro Quintero en Costa Rica y poco después cayó Don Neto, quien en los últimos tiempos había repartido casas, fincas aviones, autos lujosos y miles de millones de dólares a los altos comandantes de la DFS con la esperanza ilusa de salvarse.
Pero eso era imposible debido a la tremenda presión de los gringos. También cayeron los comandantes Pavón Reyes y Florentino Ventura, quien se “suicidó” en la cárcel. Y, por último, desapareció la mismísima Dirección Federal de Seguridad y una buena cantidad de comandantes y agentes fueron despedidos.
La DEA insistía en que Caro Quintero y Don Neto eran meras herramientas y filtró la noticia de que el general Juan Arévalo Gardoqui, secretario de la Defensa, y Manuel Bartlett, de Gobernación, se hallaban implicados. Más tarde secuestró impunemente a Humberto Álvarez Macháin, médico de Caro Quintero, y se lo llevó a Estados Unidos para enjuiciarlo. Con el tiempo también tuvieron en sus cortes a Rubén Zuno Arce, cuñado del ex presidente Luis Echeverría.
A partir del asesinato de Camarena y la caída de los primeros capos, más bien modestos en comparación con los que vendrían después, Estados Unidos utilizaría al narcotráfico como vía para presionar e irse metiendo cada vez más en nuestro país, especialmente cuando, a fines de los ochenta, el imperio se arrogó el derecho de “certificar” la lucha de otros países contra las drogas.
Como podemos ver, Manuel Bartlett solamente fue un actor más y de cualquier manera no se mandaba solo. Así que estrictamente hablando, el responsable finalmente sería el entonces presidente Miguel de la Madrid. La oposición se ha desgastado mucho en su encono con Bartlett, sin darse cuenta, que su verdadero problema es, rumbo al 2024: la carencia de un real candidato a la Presidencia de la República.
¡Suerte! y hasta el próximo
De Análisis Político

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