Oaxaca de Juárez, 18 de julio. Alejandro Murat (Gobernador de Oaxaca 2016-2022), mejor conocido como Muratito, está viviendo un sueño guajiro o tratando de engañar a un pueblo que él piensa que es completamente manipulable. Con un sexenio desastroso plagado de corrupción y saqueo en la realidad, trata de vender la imagen falsa de un modelo exitoso, que además le garantizaría el sueño de opio de ser Presidente de la República.
El colmo de la compaña mediática realizada por Muratito ha sido el declarar: que organizar y llevar a cabo la Guelaguetza es una prueba del éxito de su desgobierno.
Definitivamente está fuera de la realidad y de toda lógica. Qué tiene que ver el organizar una fiesta de pueblo, como es la Guelaguetza, con los desastrosos resultados de un desgobierno plagado de rapiña, endeudamiento, instituciones dedicadas a su enriquecimiento (Cártel del Despojo), delincuencia organizada cobrando derecho de piso y asesinados, trasiego de droga y para colmo de males: sin ninguna obra que justifique el feroz endeudamiento al que ha sido sometido el Estado de Oaxaca.
Además, para organizar la Guelaguetza se cuentan con 50 millones de pesos que vienen etiquetados del presupuesto federal en el Ramo 23, no vayan a creer que eso sale de la bolsa de Muratito.
La Guelaguetza ha sido el instrumento con el que le han vendido a mi pueblo la falsedad de que somos turísticos. A lo largo de los años han deformado lo que era una expresión popular de bailables muy vistosos, surgida en 1932, que trató de aprovechar los descubrimientos de Antonio Caso en Monte Albán, que nos habían dado cierta notoriedad arqueológica a nivel nacional. Y por otro lado, se trató de reactivar la economía oaxaqueña, depauperada por los colosales sismos de aquella época. Se trató pues, de que los oaxaqueños que habían emigrado, sobre todo a la capital de país en busca de trabajo, vinieran a su tierra a gastar un dinerito que hacía falta, para reactivar la economía.
Se le llamó Encuentro Racial porque objetivamente, eran oaxaqueños los que habían emigrado, sin ningún distingo de indígenas, mestizos, criollos, hombres o mujeres, simplemente eran oaxaqueños que venían a encontrarse con sus paisanos, con los de su misma raza, por eso se llamó Encuentro Racial, por ninguna otra cosa.
Después trataron de darle a La Fiesta del Lunes del Cerro, otras connotaciones, como el que eran bailables prehispánicos, incluso hoy se tiene un Comité de la Autenticidad de la Guelaguetza. Pero qué tan prehispánicos son los bailables, que el bailable de Tuxtepec: La Flor de Piña, data de 1957. Pero en fin, así crecen las mentiras.
Y aun aceptando sin conceder, como dicen los abogados, de que la Guelaguetza fuera el gran éxito turístico (que no lo es). Ningún lugar en el mundo vive de un evento al año. Esa es la realidad oaxaqueña. Oaxaca vive del presupuesto federal en primer lugar, segundo de las remesas de los paisanos y en tercer lugar de los salarios de la burocracia federal, estatal y municipal… ¿cuál turismo?
Ahora bien, Muratito trata de dormir al velador, cuando habla de su Modelo Oaxaqueño. Y evidentemente está fuera de la realidad.
Aun cuando existe una parte de adeptos al PRI que dicen que Muratito vendió la plaza en esta elección 2022. Tenemos que analizar que: no se puede vender lo que no se tiene. Y una lectura muy clara nos dejaron las elecciones federales intermedias: Morena se empoderó electoralmente en Oaxaca y se desfondó el PRI. Así que Muratito no le podía venderle a AMLO una plaza que ya no era del PRI. Esa es la realidad.
¿Pero entonces, porque ese “apoyo” de AMLO para con Muratito? Muy simple, AMLO es socio de Nelson Murat, gobernador de Oaxaca 1998-2004, y papá de Muratito, en el gran negocio que son las obras del Tren Tras-ístmico. Eso es todo. Eso explica la cantidad de visitas de AMLO a Oaxaca, viene a supervisar sus inversiones. Así de fácil.
Hipotéticamente hablando, si Muratito hubiera sido gobernador en el siglo XX, no hubiera durado ni un día más con un escándalo como el del Cartel del Despojo, que destaparon los Hermanos Gómez Conzatti.
Con el viejo PRI, el del siglo pasado, no hubiera durado Muratito ni un rato. En esos tiempos bastaba que el secretario de Gobernación, le pidiera la renuncia a cualquier gobernador descarrilado. Se extrañan esos tiempos, que a pesar de todos sus defectos, se mantenía una disciplina en el ejercicio del poder.
Pero en estos días aciagos para el estado de Oaxaca, AMLO voltea para otro lado ante una acción donde está por demás manifiesta la culpabilidad de las instituciones involucradas en los despojos de bienes raíces y de personalidades. Y donde la responsabilidad de Muratito como gobernador es por demás manifiesta.
Porque es inadmisible que un gobernador no esté enterado de una acción de esta envergadura. De donde se desprende que los funcionarios del Cartel del Despojo no se manejan solos y que finalmente le tienen que dar la parte grande del pastel a quien los protege y que indudablemente es su patrón.
¡Suerte! y hasta el próximo
De Análisis Político

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